Desde mi ventana de clase se pueden percibir muchas sensaciones. Lo que huelo es la gasolina de los coches el humo del tabaco de la gente que pasa fumando, a pan recién horneado y bollos, ya que debajo hay una panadería. A comida de las casas cuando cocinan y desde dentro de mi clase huele a sudor. Que ganas no me faltan de sacar la cabeza por la ventana para respirar aire puro, ya que es horrorosa esa sensación.
Al día siguiente me volví a asomar a la ventana de mi clase, y a primera vista vi un árbol desnudo con hojas marchitadas con el movimiento del viento. A su vez me volví a fijar en la fachada que hay detrás del árbol con muchos cristales. Cuando me asomo me veo reflejado en ellos, al girar para mirar en otra dirección veo a los niños jugando en el patio del colegio.
A la semana siguiente, nos fijamos en los colores y nos dimos cuenta que hay muchos objetos del mismo color gris. Volví a mirar la fachada de enfrente, tiene un color grisáceo y descaradamente me fijé en el color del cielo, tenía un color muy grisáceo y mi sensación fue de tormenta. Me volví a sentar en mi silla y me fije en el proyector de clase del mismo color gris, como la vida misma.
Ander Luengo
Laura Castelo
Cecilia Pacheco